El Athanor de los relatos es un lugar fuera del tiempo, atravesado por hilos invisibles que unen los corazones, los recuerdos y las heridas a través de las palabras.
Un lugar atemporal donde las emociones dejan de esconderse, y donde la sabiduría nacida de las transiciones de la vida puede transformarse hasta volverse más clara, más consciente, más sentida.
Aquí, las palabras crecen como raíces, se entrelazan como ramas y se transforman como estaciones, hasta convertirse en bosque en el que se respira memoria.
Los relatos no se escriben para cerrar lo vivido, sino para habitarlo de otra manera. Para escucharlo con más calma. Para permitir que lo que duele encuentre un lugar donde pueda inspirar consuelo y exhalar memoria.
Pero este espacio transforma a quien lo escribe y también a quien lo lee y cada lectura es una alquimia de la vida.
Cada persona que entra en este Athanor lleva consigo su propia historia de vida, con sus memorias, sus creencias, sus raíces y su cultura ... Al atravesar las palabras, algo se mueve, algo se ordena, algo se reconoce.
No hay una sola interpretación posible. Hay tantas alquimias como lectores.
Como en el antiguo Athanor alquímico, lo importante no es la rapidez, sino el calor sostenido.
Porque en este lugar… todo lo que se vive, también puede transformarse, dentro del relato, y dentro de quien lo habita. Y cada vez que se vuelve a leer, la alquimia se procesa de forma diferente, abriendo nuevas posibilidades de transformación.
“Este relato que voy a contarte es solo para ti. Me lo contaron en sueños… mientras dormía.”
Gracias por estar ahí y acompañarme con tu mirada.
@alquimizada
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